¿Amenaza crisis climática los Juegos Olímpicos de Invierno en el 2040?

- Reducción de sedes: Solo 10 países mantendrán condiciones climáticas adecuadas para albergar los Juegos en las próximas dos décadas.
- Dependencia tecnológica: El uso de nieve artificial en Beijing 2022 alcanzó el 90%, lo que eleva el consumo de agua y energía.
- Ajustes logísticos: El Comité Olímpico Internacional evalúa adelantar el calendario y expandir las áreas de competencia para mitigar riesgos ambientales.
La crisis climática y la reducción drástica de las nevadas naturales obligan al Comité Olímpico Internacional (COI) a transformar la estructura de los Juegos Olímpicos de Invierno debido a que, para el año 2040, solo 10 naciones poseerán la capacidad climática de albergar el evento. Según un informe del Foro Económico Mundial publicado en enero de 2026, el aumento de las temperaturas globales representa una amenaza operativa y financiera para la economía deportiva, lo que exige la adopción inmediata de medidas de adaptación como el uso intensivo de nieve artificial y la modificación de los calendarios de competencia para garantizar la seguridad de los atletas.
El reporte titulado Sports for People and Planet, elaborado en colaboración con Oliver Wyman, advierte que los riesgos ambientales dominan el panorama de amenazas globales para la próxima década. Esta situación afecta con mayor severidad a los Juegos Paralímpicos, los cuales se celebran tradicionalmente al final de la temporada invernal, cuando las condiciones de nieve son aún más precarias.
Ante este escenario, los organizadores de las ediciones actuales, como Milano-Cortina 2026, y las futuras sedes en los Alpes franceses y Salt Lake City, enfrentan el reto de mantener la calidad de las pistas. La dependencia de la nieve producida de manera artificial se ha convertido en la norma, tal como ocurrió en Beijing 2022, donde al menos el 90% de la nieve fue fabricada mediante procesos tecnológicos.
La producción de nieve artificial conlleva implicaciones ecológicas significativas que deben ser gestionadas bajo criterios de sostenibilidad. Durante los Juegos de Beijing, se utilizaron aproximadamente 222 millones de litros de agua para este fin. Aunque se emplearon fuentes de energía renovable para su fabricación, el alto consumo hídrico genera presión sobre los ecosistemas locales en regiones que ya sufren estrés hídrico.
Investigadores especializados sugieren que una de las soluciones más viables es adelantar el calendario de los juegos al menos tres semanas. Esta modificación permitiría aprovechar el periodo de mayor estabilidad térmica y acumulación de nieve, incrementando el número de ciudades que podrían postularse como sedes confiables.
TE PUEDE INTERESAR: Dominan riesgos ambientales el panorama global hacia la próxima década
Otra propuesta analizada consiste en extender la duración de la justa deportiva de 16 a 20 días. Esta flexibilidad permitiría a los organizadores reajustar los horarios de las pruebas en caso de que condiciones meteorológicas adversas o temperaturas inusualmente altas obliguen a suspender actividades temporalmente.
La descentralización geográfica de los eventos es otra estrategia en marcha. La edición de 2026 destaca por ser la más extendida en la historia, abarcando una superficie de 22,000 kilómetros cuadrados. Este modelo busca aprovechar regiones más resilientes al clima, como las Montañas Rocosas o la región del Tirol en los Alpes, en lugar de concentrar toda la infraestructura en una sola ciudad.
El aprovechamiento de sedes ya existentes, en lugar de la construcción de nuevas instalaciones, se presenta como una medida para mitigar las emisiones de carbono derivadas de la construcción y el transporte. No obstante, el COI debe equilibrar la dispersión geográfica con el aumento de emisiones que genera el traslado de atletas y espectadores entre sitios distantes.
El análisis de riesgos a largo plazo confirma que los factores ambientales seguirán reconfigurando la industria del deporte. Las discusiones actuales sobre los horarios de salto de esquí o la eficiencia de los cañones de nieve son, en realidad, indicadores de un problema mayor: la transformación irreversible de los ecosistemas de montaña y la necesidad de una gobernanza global para su protección.
Los científicos y las comunidades locales que dependen de los glaciares trabajan coordinadamente para salvaguardar estos recursos. El éxito de los futuros Juegos Olímpicos de Invierno dependerá de la capacidad de las instituciones para adaptarse a una realidad donde el invierno, tal como se conocía, está desapareciendo.

