Debaten sobre la viabilidad del Pacto Verde Europeo en 2026

- Líderes políticos y empresariales advierten en el WEF25 sobre el riesgo de perder la industria eólica frente a los subsidios de China.
- Exigen pragmatismo tecnológico que incluya energía nuclear, biocombustibles y gas para garantizar precios de energía asequibles.
- Alertan que la falta de infraestructura de red y el exceso de regulación están desplazando inversiones industriales hacia Estados Unidos y Asia.
Líderes gubernamentales y directivos de sectores estratégicos debatieron la viabilidad del Pacto Verde Europeo frente a los desafíos de competitividad global y las tensiones geopolíticas actuales.
Durante la sesión de panel moderada por Rachel Morison, editora de Energía y Medio Ambiente para Europa en Bloomberg News, los participantes analizaron cómo descarbonizar la economía europea sin comprometer la competitividad industrial frente a potencias como Estados Unidos y China.
El encuentro destacó la necesidad de mantener los objetivos climáticos de largo plazo, pero con una ejecución más ágil y menos restrictiva en el uso de tecnologías innovadoras para garantizar la seguridad energética del continente.
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Unidad y firmeza ante la incertidumbre global
El Primer Ministro de Bélgica, Alexander De Croo, señaló que la Unión Europea debe mantener una dirección firme en sus metas ambientales para evitar añadir incertidumbre a un mercado ya condicionado por factores externos.
De Croo argumentó que, si bien el objetivo de emisiones netas cero es innegociable por razones climáticas y económicas, los gobiernos han incurrido en el error de ser excesivamente estrictos en los métodos para alcanzarlos.
Según el mandatario, la innovación debe recaer en manos de la industria, la cual posee la capacidad de ensayo y error necesaria para identificar las soluciones tecnológicas más eficientes.
Por su parte, Marc Ferracci, Ministro de Industria y Energía de Francia, coincidió en que Europa enfrenta el reto de descarbonizar sus procesos productivos sin reducir la competitividad. Ferracci hizo eco del concepto de “triángulo de incompatibilidad”, donde es difícil sostener simultáneamente regulaciones ambientales estrictas, una política comercial abierta y competitividad industrial.
El funcionario francés subrayó que el “Pacto Industrial Limpio” es la herramienta necesaria para equilibrar estas fuerzas y propuso una política industrial menos “ingenua” que considere las consecuencias socioeconómicas de la regulación.
El riesgo de la competencia con China y la soberanía tecnológica
Durante el debate, Alexander De Croo alertó sobre la posibilidad de repetir con la industria eólica marina el error cometido con las celdas fotovoltaicas, cuya producción se desplazó masivamente a China.
El mandatario belga denunció que los fabricantes chinos operan con esquemas de financiamiento subsidiados que generan una competencia desleal para desarrolladores europeos.
“No estoy a favor del proteccionismo, sino de un campo de juego nivelado; hoy la energía es más geopolítica que nunca y los gobiernos deben garantizar estabilidad ante actores que trabajan de forma coordinada”, afirmó.
En este contexto, Anna Borg, Presidenta y CEO de Vattenfall, aclaró que su empresa no ha adquirido turbinas chinas, priorizando proveedores europeos y estadounidenses para fomentar una cadena de suministro resiliente.
Borg enfatizó que la competitividad del sector depende de una “certidumbre en el flujo de proyectos”, lo que permitiría a los proveedores aumentar su capacidad de producción y reducir costos de manera sostenida. Asimismo, subrayó la importancia de ecosistemas colaborativos donde empresas de energía y fabricantes de acero libre de fósiles o cemento de bajas emisiones trabajen en conjunto.
Burocracia e infraestructura: los cuellos de botella
Ester Baiget, Presidenta y CEO de Novonesis, reportó que más del 50% de las inversiones globales en bioeconomía se han concentrado en Estados Unidos debido a la agilidad de sus mercados. Baiget comparó que registrar un producto para reemplazar fertilizantes en Europa toma ocho años, mientras que en Brasil toma seis meses.
“Necesitamos una regulación que impulse el resultado, no que genere más trámites; la economía verde se triplicará esta década y Europa tiene el talento, pero falla en la implementación”, advirtió la directiva de la empresa de soluciones biológicas.
La falta de infraestructura física también fue señalada como una barrera crítica. Representantes del sector industrial mencionaron casos donde proyectos de electrificación masiva deben esperar en “colas de conexión” hasta el año 2040.
Ante esto, Martin Lundstedt, Presidente y CEO de Volvo Group, defendió un enfoque de “tres pilares” para el transporte pesado: baterías eléctricas, celdas de combustible de hidrógeno y motores de combustión que utilicen biocombustibles o gas de manera pragmática. Lundstedt advirtió que “lo perfecto no debe ser enemigo de lo bueno” y que el uso de gas o hidrógeno azul es un paso necesario en la transición.
El papel de la energía nuclear y la abundancia energética
Para reducir los precios de la electricidad, Alexander De Croo subrayó que la clave es la “abundancia” y que para lograrla es indispensable la energía nuclear. El Primer Ministro defendió que las naciones con capacidad nuclear deben extender la vida útil de sus plantas actuales mientras se desarrollan nuevas instalaciones, citando que, aunque son proyectos complejos, países en el Golfo han demostrado que pueden construirse con rapidez. “Si queremos electricidad de cero emisiones, no hay otro camino”, sentenció.
Finalmente, el panel concluyó que el costo de la transformación será elevado, pero el costo de la inacción o de una transición mal gestionada será mayor, con la pérdida definitiva de la base industrial europea hacia regiones con energía más barata y marcos regulatorios más pragmáticos como Luisiana o el Sudeste Asiático.

