Priorizar la electrificación renovable resulta indispensable para garantizar la seguridad energética global

- La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) publicó el informe «World Energy Transition Outlook» 2026 en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos.
- La capacidad renovable mundial proyecta un incremento desde los 5.2 teravatios actuales hasta los 38.2 teravatios en el año 2050.
- Los beneficios económicos acumulados para las sociedades alcanzarán aproximadamente 46 billones de dólares estadounidenses para 2050.
La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) presentó el informe «World Energy Transition Outlook» 2026 en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, mediante reformas de todo el sistema y una agenda de medidas concretas para garantizar una energía segura, asequible y competitiva, con el fin de acelerar la electrificación renovable y mantener la trayectoria compatible con el objetivo de 1.5 °C frente al rebasamiento de temperatura provocado por las emisiones de carbono.
El documento técnico establece que una verdadera transición energética implica la sustitución progresiva de los sistemas basados en combustibles fósiles, y no se limita a añadir nueva capacidad de generación a una infraestructura energética que permanece sin cambios.
La electrificación basada en energías renovables, combinada con tecnologías de mayor eficiencia y combustibles sostenibles, impulsa este cambio al incrementar la generación limpia, aprovechar las oportunidades de mejora en la eficiencia energética y satisfacer una demanda en constante crecimiento.
Durante el año 2025, la incorporación de energías renovables mantuvo un ritmo de crecimiento récord; sin embargo, las mejoras ejecutadas en la red eléctrica no lograron seguir el ritmo de la expansión, mientras la demanda energética continuó aumentando con rapidez.
Asimismo, las mejoras en materia de eficiencia energética se mantuvieron por debajo del ritmo exigido, lo que impidió compensar la creciente demanda de electricidad a escala internacional.
Por consiguiente, los procesos de electrificación y el despliegue de energías renovables deben acelerarse de forma drástica para cumplir con las metas climáticas establecidas a nivel global.
La capacidad renovable instalada a nivel mundial experimentará un incremento desde los 5.2 teravatios actuales hasta alcanzar aproximadamente 38,2 teravatios en el horizonte del año 2050.
Adicionalmente, la cuota de la electricidad en el consumo final de energía aumentará hasta situarse en el 35 por ciento en el año 2035 y superará el 50 por ciento para el año 2050.
Para mediados de siglo, las previsiones técnicas señalan que más del 80 por ciento de la electricidad generada procederá de fuentes de energía solar y eólica.
La falta de potenciación en materia de eficiencia energética, redes de transmisión, almacenamiento y flexibilidad del sistema representa un riesgo operativo que podría convertir a estos pilares fundamentales en obstáculos para la transición.
El director general de IRENA, Francesco La Camera, señaló que la transición energética mundial se encuentra sometida a presiones significativas debido al aumento vertiginoso de la demanda, las dificultades de las redes eléctricas y el rezago en eficiencia.
Las declaraciones institucionales subrayan la necesidad de reformar la infraestructura para consolidar un nuevo sistema energético caracterizado por su condición electrificada, eficiente, flexible y basada en fuentes renovables.
Los elementos de electrificación, redes eléctricas, almacenamiento, flexibilidad y eficiencia energética conforman la columna vertebral de esta transformación estructural a largo plazo.
La ejecución conjunta y coordinada de estas soluciones a la escala necesaria resulta fundamental para mantener la transición en consonancia con el objetivo de 1.5 °C, garantizando simultáneamente seguridad energética, asequibilidad, competitividad y aceptación social.
Desde la dimensión económica, el informe destaca argumentos sólidos sustentados en el escenario de 1.5 °C de la organización, el cual proyecta un crecimiento de la economía mundial del 1.1 por ciento anual por encima de las previsiones de un escenario convencional. Este crecimiento económico superior se traducirá en beneficios acumulados para las sociedades de alrededor de 46 billones de dólares estadounidenses hacia el año 2050.
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Los puestos de trabajo directos e indirectos en el sector de las energías renovables experimentarán una multiplicación por más de cinco durante el mismo periodo, partiendo de los poco más de 16 millones de empleos registrados en la actualidad.
La mayor competitividad en términos de costes dentro de los mercados eléctricos emergentes propiciará una reducción estimada del 15 por ciento en los precios de la electricidad para el usuario final de aquí al año 2050.
No obstante, la concreción de la transición requiere un incremento considerable en los volúmenes de inversión destinados al sector energético global. La inversión anual acumulada deberá alcanzar aproximadamente 10.3 billones de dólares estadounidenses durante el periodo comprendido entre 2026 y 2050.
La mayor parte de dichos recursos financieros se canalizará hacia el desarrollo de energías renovables, la modernización de redes eléctricas, la flexibilidad operativa y la electrificación de los usos finales.
La calidad de la ejecución en la transición energética poseerá la misma relevancia que su velocidad de despliegue para garantizar resultados socioeconómicos óptimos.
Los análisis demuestran que una descarbonización acelerada fomenta la inversión, la productividad, la generación de empleo y el bienestar general en las economías nacionales.
La asequibilidad, los mecanismos de protección social y el acceso equitativo a las oportunidades económicas deben integrarse desde las fases iniciales de implantación para mantener la aceptación pública y compartir los beneficios de manera generalizada.
La responsabilidad principal de los gobiernos radica en gestionar esta transformación de forma ordenada, salvaguardando la fiabilidad, la asequibilidad y la seguridad energética mientras se acelera la integración de alternativas limpias.
El documento establece una agenda operativa de medidas concretas estructurada en siete prioridades de acción para la próxima década.
Estas prioridades abarcan la planificación integrada de la energía y los mercados, hojas de ruta adaptadas a las realidades nacionales, la modernización de las redes eléctricas y el fortalecimiento de estrategias industriales y de inversión.
Asimismo, comprenden el avance de políticas sociales y medioambientales orientadas a maximizar los beneficios socioeconómicos y la intensificación de los mecanismos de cooperación internacional.
Los responsables políticos desempeñan un papel fundamental en la dirección de la transición para asegurar que el abandono de los combustibles fósiles impulse la competitividad, la resiliencia, la salud pública y la prosperidad a largo plazo.

