Impulsan ciencia como eje central para la conservación de elefantes en África

- Población histórica: De 25 millones de ejemplares en la era precolonial a menos de 500,000 en la actualidad.
- Factores de riesgo: La caza furtiva y la fragmentación del hábitat son las principales amenazas para la estabilidad de las manadas.
El Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW, por sus siglas en inglés) propone un cambio de paradigma en la gestión de elefantes en África mediante un enfoque basado en evidencia científica, ante el debate sobre la supuesta sobrepoblación en ciertas regiones y el colapso inminente en otras.
Esta organización hace un llamado global a la calma para analizar la dinámica de las poblaciones a largo plazo, sus patrones de movimiento y su capacidad de resiliencia frente a la presión humana, factores que resultan determinantes para garantizar la supervivencia de los paquidermos en el continente africano durante el presente siglo.
La situación actual de los elefantes de sabana refleja una disminución drástica en términos históricos. De acuerdo con las estimaciones de la era precolonial, existían aproximadamente 25 millones de elefantes; sin embargo, el censo más exhaustivo realizado hasta la fecha, el Pan-African Great Elephant Census, registró apenas 352,271 ejemplares en 18 países.
Este estudio reveló una caída del 30% en la población entre los años 2007 y 2014, tendencia de pérdida anual que se mantiene debido, principalmente, a las actividades de caza ilegal para el comercio de marfil.
No obstante, los datos recopilados durante 25 años por la Unidad de Investigación de Ecología de la Conservación (CERU) de la Universidad de Pretoria ofrecen un panorama más complejo. El seguimiento de 50 poblaciones específicas demostró que la mayoría se mantienen estables y algunas muestran signos de crecimiento.
Este análisis sugiere que las decisiones de manejo ambiental no deben basarse únicamente en cifras brutas o totales generales, sino en el impacto ecológico real que los elefantes tienen en su entorno y en la conectividad de sus hábitats.
Azzedine Downes, presidente y director ejecutivo de IFAW, sostiene que la dinámica de estos mamíferos no puede reducirse a una cifra demográfica única. Para la organización, la prioridad radica en la disponibilidad de corredores biológicos que permitan el tránsito seguro de los animales, la implementación de protecciones efectivas contra la caza furtiva y el apoyo constante a las comunidades humanas que coexisten con la fauna silvestre en las zonas rurales de África.
Uno de los puntos de mayor fricción entre los gestores de conservación es el temor a que las poblaciones de crecimiento rápido degraden los ecosistemas locales. No obstante, la evidencia científica indica que este riesgo se concentra casi exclusivamente en reservas cercadas o aisladas donde los elefantes no pueden migrar de forma natural. La solución técnica ante este fenómeno es el establecimiento de corredores que vinculen las áreas protegidas, permitiendo que las manadas se desplacen según la disponibilidad de recursos y eviten la sobreexplotación de un solo sitio.
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En términos biológicos, los elefantes poseen un ciclo reproductivo lento que dificulta la recuperación inmediata tras eventos catastróficos. Las hembras inician su etapa reproductiva entre los 12 y 13 años y dan a luz aproximadamente cada cuatro años. Incluso en condiciones óptimas, el crecimiento poblacional difícilmente supera el 5% anual. La pérdida de individuos adultos por caza furtiva provoca el colapso de las estructuras sociales y jerárquicas de las manadas, lo que puede requerir más de 24 años para que la población logre estabilizarse nuevamente.
La fragmentación del hábitat es otro obstáculo crítico que impide que las poblaciones alcancen su potencial ecológico. Las manadas que habitan en territorios amplios y conectados demuestran ser más resilientes frente a las crisis climáticas o ambientales. En contraste, los grupos aislados son extremadamente vulnerables a la disminución genética y a la falta de alimento. La ciencia confirma que muchas áreas protegidas tienen capacidad de carga para albergar a un número significativamente mayor de elefantes de los que poseen actualmente, siempre que se eliminen las barreras físicas y las amenazas humanas.
La estrategia “Room to Roam” de IFAW se fundamenta en los hallazgos del fallecido profesor Rudi van Aarde y su equipo de la CERU. Esta iniciativa, que cuenta con el respaldo de dos décadas de investigación, trabaja activamente en el este y sur de África para asegurar que los paisajes fragmentados vuelvan a conectarse. El objetivo central es crear un entorno de seguridad donde el elefante pueda cumplir con su rol de “arquitecto del ecosistema” sin interferencias que pongan en riesgo su ciclo de vida natural.
Finalmente, IFAW reitera que las estrategias de conservación deben alejarse de narrativas simplificadas que solo consideran el número de cabezas. La protección de los ejemplares remanentes, la restauración de los corredores biológicos y el fortalecimiento de la coexistencia con las comunidades humanas son los pilares fundamentales para asegurar que las futuras generaciones puedan observar a los elefantes recorriendo las sabanas africanas con libertad y seguridad.

